jueves, 27 de agosto de 2026

Dímelo

 Dímelo 

     con los ojos.
     Dímelo
     con el alma
     y toda tu entereza.
     Enséñame, señálame, lo que de mí requieres.
     Crúzame con palabras inaudíbles al oído.
     Inunda con saberes a mí, que ha ignorado
     aquello que requieres que mi mente recoja.
     Quizás  hubo señales que mi ser no entendía.
     Haz aquí una humareda de intenso humo blanco
     y desnuda verdades para mí, imprevistas.
     O si quieres deletrea con tus dedos albinos
     esa verdad esquiva que no atino a aferrárla.
     Enséñame, preciosa, tus regias certidumbres
     y aquello veo callas dentro de tus entrañas.
     Jamás supe de letras y no sé de conceptos:
     Se básica conmigo, belleza acaecida.
     Pues soy elemental, como el viento en los rostros
     o el agua que acarrean temprano las esclavas.
     Ayúdame a entender con ternura discreta
     que es aquello que anhelas y jamás lo he notado. 

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