Cubos, lancetas, cuerdas
y hexaedros fantásticos.
Se elevan en mí letras
cuando escribo de noche.
La sombra es una sombra
que no tiene caballos.
Y en ese sur sin furia
crecen necios con violas
y demagogos breves
que destruyen palacios.
Mi pluma ya ha dejado
venenos en mis uñas
y dormido dorado
de estridenciales noches.
Pasa de largo un ave
que sueña altanerías,
en un segundo grave
que a la velas, detona.
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