Escribo con crudeza,
con dolor biseladoen un tiempo imperfecto en que rompo maderas.
No como en la juventud de mis abecedarios,
no como el que colgara la luna en picaportes
y cruzara en desorden campamentos de rosas.
Ha madurado el clérigo que hice en mis delirios
y me alcanzó lo omnívoro en mi piel de filántropo,
más aún me conservo en mi inguinal angustia.
y sigo rodeando al sátiro, para reírme un poco.
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