Ciego
sobre las hojas mudas y las sombras de piedrapiso en lo oscuro y lerdo, y mi vértigo me sigue.
Voy raudo y lentísimo al peral de mi sueño, que no tiene entradas ni salidas...Y vaga...
Tropiezo como nadie en la hora taciturna
mareado como en naves que se mecen en hileras.
Y fantasmal me sigue mi hora: Yo tropiezo a un mundo de manías
y vanos soliloquios
Con mi torpeza humana, hoy más que fatalísima.
Y me encuentro en la nada, desnudo en promontorios
mi pensamiento errátil, que gira entre baladas.
La dureza del aire me azota y me conmueve en ésta hora de antaño
y rara providecia.
Extiendo mi mano y toco la malicia del viento, la pera arrinconada, el linaje de alguien
y los soplos muy rotos del ser en sus esquinas
por siempre apretujado en bahías de tarde
y ralos sin follaje.
El aire pisa rápido y sube a sus escalas: Yo a mi color me acojo y mis huesos de vidrio.
Mientras pasa en torrente el clamor de la tarde, el momento que ignoro
los pésimos atajos de la impura impericia
Y la mueca extenuada de mi dolor salvaje.
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