Bajo la escalera,
Bajo a la tez de la tierraY allí me encuentro recluído en tus ojos de zafiro
que plenos están de antojos como dos mimados niños.
Y en esos verdes me pierdo con extrañeza extranjera.
Más no hallo impedimento para mirarte en vidrieras
fantásticas e ilusorias donde me miras cual perla
que contradice al enojo y es de cristal la marea
de tus frenéticos ojos que van inundando sierras
de mí: Continente sólo y de dolor no alegórico.
Hoy me he postrado de hinojos ante ese verde que veo
cual dos ríos luminosos que me han socavado todo.
Y de maravilla es tu luz en la desnudez
y tu cuerpo es el delirio de Quevedo en Aranjuéz
y lo que pisas se hunde si dejas en soledumbre.
Más con tus manos rescatas mi ser a tus altas moradas
donde con amor me das aguas de Samaritana
rescatada que rescata
a los que sus quejidos quieren tus vertientes más tempranas
y tus temerarios ríos, que en tonos de verde empapan
a los de alma recatada y que ya no esperan nada
hasta que ven tu corola en extraordinaria hora y en resuelta batahola
ya que es hora milenaria
que se saboriza sola entre esbeltez y coronas.
Crecida entre tantas dalias y con redomas de plata
que malos dedos no horadan y las tildan ya de fábula
eufórica y fantastica
y de pasión denodada
es tu silueta dorada
al hechizar enamoran con edictos de esmeralda y se anclan al fondo del alma
del que siempre te buscara.
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