sábado, 29 de agosto de 2026

Amor, cielo

    Amor, cielo

     denso júbilo de copas.
     El tiempo ve tu grandeza
      de Paraíso: La vida,
     te ase del brazo, embriagas 
     la piedra de mi firmeza
     y el vinagre que hace muecas 
     sobre mi boca ya rota.
    La danza de los infiernos
     me repite en agonía.
     Mi amarillento deseo
    quema las frutas maduras
    mordidas para ti: cuerpo,
    vastedad de cabrilleos,
    algazara de la lumbre
    la que perdura en el polvo.
   La que me sustenta todo
   Bajo este cielo de cumbres
   amarillentas y focos
   que no encandilan: deslumbre
   alto, ser de mariposa, Diosa.
   Diadema para mis sienes
   no besadas que interrogan
   las aguas que la retienen
  maduras y sustentadas
  en mis corroídas sienes.
  En mis silencios rechino
  con quemaduras de miedo.
  Ya no leudan mis espigas
  semejantes a los fuegos.
  Imperdurable, mi polvo
  entierra y tensa mis logros.
   Tú de la belleza vienes
   y tu pelo mueve hojas
   a tus hombros: Candileja
  que llueve sobre mi idea.
  Y tu espalda es un torrente
  de clara agua repartida
  entre mi apátrida alma
   pulsada a media mañana:
   Me absuelven tus parpadeos
   y el páramo de mis manos
   te acaricia, blando y largo.
   Maravillosas tus vendas
   para mi sangre reseca.
   Yo reposo en el azogue
   del desterrado y su noble
  vindicación es tu indicio
   de pecho henchido e inmensa
   sacerdotiza que brota
   del inicio de mis horas:
   Grito y silencio enmudecen
   en tu mundo resilente.
   Tu risa pausa mis fuegos:
   Tu risa que me inmoviliza
   entre las penas saciadas.
   Me petrifico aun despierto
   absuelto por tu sosiego
   y, jardineras idénticas
   de tus pieles me avasallan 
   y conquistan sin modestia.
   Me moveré en movimientos
   lentos en tus suavidades
   al vaivén de tus miradas
  en mi consumada vida.
  Nunca lanzaré mis flechas
  a tus gratos mediodías.
  De todo lo bello brotas
  con un retoñar de cielos
  indiscretos y dispuestos
  a tomarme, tierra adentro.
   Tu constelada bahía
    va al rescate de mi vida
    y en epicentros vivimos
    cálidos y bien esculpidos. 
 

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