Amor, cielo
denso júbilo de copas.El tiempo ve tu grandeza
de Paraíso: La vida,
te ase del brazo, embriagas
la piedra de mi firmeza
y el vinagre que hace muecas
sobre mi boca ya rota.
La danza de los infiernos
me repite en agonía.
Mi amarillento deseo
quema las frutas maduras
mordidas para ti: cuerpo,
vastedad de cabrilleos,
algazara de la lumbre
la que perdura en el polvo.
La que me sustenta todo
Bajo este cielo de cumbres
amarillentas y focos
que no encandilan: deslumbre
alto, ser de mariposa, Diosa.
Diadema para mis sienes
no besadas que interrogan
las aguas que la retienen
maduras y sustentadas
en mis corroídas sienes.
En mis silencios rechino
con quemaduras de miedo.
Ya no leudan mis espigas
semejantes a los fuegos.
Imperdurable, mi polvo
entierra y tensa mis logros.
Tú de la belleza vienes
y tu pelo mueve hojas
a tus hombros: Candileja
que llueve sobre mi idea.
Y tu espalda es un torrente
de clara agua repartida
entre mi apátrida alma
pulsada a media mañana:
Me absuelven tus parpadeos
y el páramo de mis manos
te acaricia, blando y largo.
Maravillosas tus vendas
para mi sangre reseca.
Yo reposo en el azogue
del desterrado y su noble
vindicación es tu indicio
de pecho henchido e inmensa
sacerdotiza que brota
del inicio de mis horas:
Grito y silencio enmudecen
en tu mundo resilente.
Tu risa pausa mis fuegos:
Tu risa que me inmoviliza
entre las penas saciadas.
Me petrifico aun despierto
absuelto por tu sosiego
y, jardineras idénticas
de tus pieles me avasallan
y conquistan sin modestia.
Me moveré en movimientos
lentos en tus suavidades
al vaivén de tus miradas
en mi consumada vida.
Nunca lanzaré mis flechas
a tus gratos mediodías.
De todo lo bello brotas
con un retoñar de cielos
indiscretos y dispuestos
a tomarme, tierra adentro.
Tu constelada bahía
va al rescate de mi vida
y en epicentros vivimos
cálidos y bien esculpidos.
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